Completar una carrera de 5K puede ser el primer gran objetivo de un runner. Después aparece una pregunta inevitable: ¿y si intento una media maratón? El salto hasta los 21 kilómetros es posible, pero requiere cambiar la manera de entrenar. No se trata simplemente de correr más, sino de construir una base capaz de sostener una distancia mucho mayor.
Para Rolando Ricapa, atleta de alto rendimiento y entrenador con más de 38 años de experiencia en el mundo del running, existe una señal concreta para saber si un corredor empieza a estar preparado: poder completar fondos de entre 12 y 18 kilómetros a un ritmo conversacional, sin detenerse ni terminar completamente exhausto.
“Un corredor está listo cuando puede correr 12 a 18 kilómetros seguidos, a ritmo conversacional, sin parar, sin sufrir y sin caminar. Si terminas ese fondo y al día siguiente no estás destruido, tu cuerpo aguanta. La otra señal es mental: cuando dejas de ver el 21K como ‘imposible’ y empiezas a verlo como ‘un reto más’”, sostiene Ricapa.
Pero antes de pensar en la competencia, el entrenador plantea una serie de condiciones mínimas: acumular al menos 12 semanas corriendo entre tres y cuatro veces por semana, realizar fondos progresivos de 10 a 18 kilómetros, no arrastrar lesiones recientes y contar con una base aeróbica que permita trotar alrededor de una hora y media sin dificultades. Si estos requisitos todavía no están presentes, recomienda primero consolidar los 10K.
Tres meses para construir los 21K
El tiempo de preparación tampoco debería quedar librado a la improvisación. Ricapa propone un proceso de entre 12 y 16 semanas, dividido en etapas que permiten aumentar la exigencia sin saltarse adaptaciones.
El primer mes debe enfocarse en construir la base aeróbica y mejorar la técnica. Durante el segundo se incorporan progresivamente los trabajos de ritmo y las cuestas. El tercer mes concentra los fondos más largos, que pueden llegar progresivamente hasta los 14-18 kilómetros. Finalmente, las dos últimas semanas corresponden a una etapa de descarga, con menor volumen para llegar fresco a la competencia.
Cada aumento de distancia debe darle al organismo el tiempo necesario para adaptarse al nuevo estímulo.
No todo es correr rápido
Dar el salto a una distancia mayor también exige saber qué decisiones tomar cuando el cuerpo empieza a acumular fatiga. En ese escenario, el ritmo es solo una parte de la preparación.
“Uno de los errores más frecuentes en runners principiantes es considerar que la velocidad es lo principal, dejarse llevar por un pace por kilómetro y no saber alimentarse e hidratarse”, advierte Wally Carrillo, head coach de CIVA Endurance Club y coach certificado de Ironman.
El especialista también destaca la fuerza como parte esencial de la preparación. Un corredor que busca aumentar la distancia necesita una musculatura capaz de mantener la estabilidad, conservar buenos rangos de movimiento y sostener una mecánica eficiente cuando aparece la fatiga. Por ello, además de la fuerza, conviene observar la técnica de carrera, la movilidad y la base aeróbica desarrollada.
La evidencia científica respalda incorporar este componente. Un estudio publicado en European Journal of Sport Science en 2024 comparó entrenamiento de fuerza y pliometría en corredores recreativos de mediana edad: ambos métodos, realizados dos veces por semana durante 10 semanas, mejoraron la economía de carrera, aunque no produjeron una mejora significativa en el tiempo de 5K. Los autores también encontraron una relación entre el aumento de la fuerza de la pantorrilla y una mejor economía de carrera.
Por ello, incorporar dos sesiones semanales de fuerza puede ser una referencia razonable, siempre que la carga se adapte al nivel y disponibilidad del corredor. No se trata de replicar de manera exacta el protocolo de un estudio, sino de integrar el fortalecimiento dentro del plan sin comprometer los fondos ni las sesiones de mayor calidad.
Y si la fuerza ayuda a sostener el movimiento, la alimentación y la hidratación permiten sostener el esfuerzo. En una media maratón, el corredor permanecerá mucho más tiempo en actividad que en un 5K, por lo que debe aprender durante los entrenamientos qué comer, cuánto beber y en qué momento hacerlo. La estrategia nutricional también forma parte de la preparación y no debería estrenarse el día de la competencia.
Pierina Arbulú, nutricionista deportiva, ha explicado que los carbohidratos cumplen un papel central en los deportes de resistencia y que los entrenamientos largos son precisamente el espacio para probar la estrategia de alimentación e hidratación que posteriormente se utilizará en carrera.
Recuperar para poder seguir avanzando
El aumento de kilometraje también modifica las necesidades de recuperación. Para Eddy Rojas Ramos, Licenciado Fisioterapeuta en Medicina Deportiva y Medicina Física y Rehabilitación de la Clínica San Felipe y especialista de Move Better, la recuperación no comienza cuando aparece una molestia, sino que debe formar parte de la planificación habitual.
Su propuesta se sostiene sobre tres pilares: una buena base de elasticidad, flexibilidad y movilidad; una alimentación e hidratación adecuadas; y un sueño de calidad. El especialista resume estos últimos elementos como el “entrenamiento silencioso”: aquello que ocurre fuera de la pista también determina la capacidad del cuerpo para responder a la carga.
Este punto resulta especialmente importante cuando se pasa de 5K a 21K. El objetivo no es llegar lo más rápido posible a una distancia determinada, sino conseguir que el cuerpo pueda asimilar progresivamente el trabajo.
Los 21K empiezan antes de la partida
El salto de 5K a 21K no debería medirse solamente en kilómetros. Es un proceso que exige construir resistencia, fortalecer el cuerpo, aprender a alimentarse e hidratarse durante esfuerzos prolongados y respetar la recuperación.
Como resume Ricapa, también existe una señal mental. El corredor deja de mirar los 21 kilómetros como una distancia inalcanzable y comienza a entenderlos como un desafío para el que se ha preparado.
La mejor manera de llegar a la primera media maratón no es preguntarse cuánto más puede correr mañana, sino qué necesita construir hoy para poder correr 21K con seguridad y confianza cuando llegue el día de la competencia.