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El primer día fue, como manda el manual, de evaluaciones y reencuentros. Los jugadores pasaron los exámenes médicos de rigor, ese filtro silencioso que marca el punto de partida de cualquier pretemporada. Hubo abrazos, risas, bromas y una sensación compartida de volver a casa. Porque Campo Mar, para este plantel, ya no es solo un centro de entrenamiento: es un hogar.
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Luego llegó el gimnasio. Pesas, trabajos de fuerza, rutinas exigentes. El cuerpo empezó a hablar antes que el balón. Alex Valera y Williams Riveros, dos de los rostros más representativos del último ciclo, se movieron con naturalidad, integrados a un grupo que no parece cansado de ganar. El ambiente fue distendido, casi familiar, pero sin perder el foco. Nadie se relaja cuando sabe que defender un tricampeonato es tan complejo como conseguirlo.
Antes de ingresar a los vestuarios, un mensaje recibió a los futbolistas como un recordatorio y, al mismo tiempo, como una advertencia: “Para entrar a este vestuario, hay que merecerlo”. No era una frase nueva, pero sí oportuna. Una bienvenida sobria para un grupo que ya tocó la cima tres veces seguidas y que ahora debe demostrar, día a día, que sigue siendo digno de ese lugar.
El plan físico quedó en manos de Sergi López Castelló, preparador que trabajó con Mauricio Pochettino en el Espanyol y que tiene claro que el reto no es empezar bien, sino sostener el ritmo durante toda la temporada. La jornada combinó gimnasio y trabajos de campo, una fórmula pensada para repotenciar el físico de un plantel que deberá competir en varios frentes y que no puede darse el lujo de llegar justo a los momentos clave.
La idea es clara: una ‘U’ más fuerte, más intensa, capaz de sostener la presión local y elevar su rendimiento internacional. En Universitario entienden que el salto en la Copa Libertadores no pasa solo por nombres, sino por preparación, convencimiento y detalles que se trabajan lejos de los focos. Por eso, cada sesión cuenta. Incluso —o sobre todo— las que no tienen público.
En esa misma línea, el técnico Javier Rabanal ya empezó a marcar su hoja de ruta. El entrenador solicitó disputar dos amistosos a puertas cerradas en Campo Mar. El técnico español busca tiempo y espacio para trabajar lo táctico desde ahora, cuando el margen de error aún es amplio y la competencia todavía parece lejana.
Universitario volvió al trabajo. Volvió con rutina, con método y con una convicción silenciosa: el 2026 será retador, sí, pero este grupo ya aprendió a convivir con la exigencia. El tricampeón arrancó de nuevo, sabiendo que la historia no se defiende con recuerdos, sino con presente. Y ese presente, desde este lunes, ya está en marcha.
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