En los últimos días comenzó a consolidarse en Washington una campaña de cuestionamientos contra María Corina Machado, impulsada desde sectores mediáticos y activistas afines al trumpismo. No se trata de una postura oficial de la Casa Blanca, sino de un flujo constante de mensajes, filtraciones atribuidas a fuentes anónimas y comentarios públicos que apuntan a incomodidad con la estrategia política de la líder opositora venezolana en Estados Unidos.

El Gobierno insiste en que la joven sigue sujeta a una orden final de expulsión.

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El eje del conflicto: el enfoque bipartidista

El centro de las críticas es su insistencia en mantener el tema venezolano en una lógica bipartidista. Machado ha sostenido reuniones tanto con figuras republicanas como con legisladores demócratas, una decisión que para sus detractores resulta innecesaria e incluso contraproducente, especialmente en un contexto donde sectores cercanos a Donald Trump buscan capitalizar la transición venezolana como un logro político propio.

Estados Unidos

Washington se divide por la estrategia bipartidista de María Corina Machado.

Malestar por sus declaraciones sobre el calendario electoral

Medios como Politico publicaron información basada en fuentes anónimas próximas a la Casa Blanca que reflejan molestia por algunas declaraciones de la dirigente opositora. Según uno de los asesores citados, sus comentarios sobre la posibilidad de celebrar elecciones en menos de un año “no sentaron bien” en determinados círculos. Otro interlocutor sostuvo que un plazo de 24 meses sería más realista y que no debería fijar tiempos concretos.

El Congreso como factor clave para la transición

Desde el Congreso, sin embargo, la lectura es distinta. Fuentes citadas por ABC sostienen que Machado mantiene contacto directo con el presidente y con el núcleo que toma decisiones sobre Venezuela, y que existe claridad en torno a que cualquier paquete relevante de ayuda económica o garantías financieras requerirá respaldo legislativo.

La mayoría republicana en la Cámara es estrecha y podría reducirse aún más tras las elecciones parciales, lo que vuelve indispensable el apoyo demócrata para aprobar presupuestos y mecanismos financieros.

Apoyo transversal, una necesidad legislativa

Si la transición venezolana incluye asistencia económica estadounidense o instrumentos vinculados al sector energético, esos mecanismos deberán ser aprobados en el Capitolio. En ese escenario, el respaldo bipartidista no es un gesto simbólico, sino una condición imprescindible. Históricamente, la política hacia Venezuela ha contado con apoyo de ambos partidos, especialmente en materia de sanciones y exigencias electorales.

Voces del trumpismo que amplifican la ofensiva

La campaña contra Machado fue amplificada por figuras influyentes del entorno trumpista. Richard Grenell, enviado especial de Trump, difundió en redes la llegada a Caracas del presentador Rob Schmitt y del CEO de Newsmax, Chris Ruddy, en el marco del plan “Make Venezuela Great Again”.

A esta narrativa se sumaron activistas como Laura Loomer y el aliado histórico de Trump, Roger Stone, quienes promovieron figuras alternativas dentro de la oposición venezolana más alineadas con la base conservadora estadounidense, aunque con escasa influencia real dentro de Venezuela.

Un debate político con impacto legislativo

Mientras los detractores de Machado consideran que su estrategia genera fricciones innecesarias con el ala más dura del Partido Republicano, sus partidarios advierten que sin respaldo demócrata no habrá presupuestos ni herramientas financieras suficientes. Convertir la política hacia Venezuela en un asunto estrictamente partidista, señalan, podría debilitar su viabilidad legislativa y complicar cualquier proceso de transición sostenida.

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